de la dispersión visual, a la presencia del tacto
en esta ocasión tengo la intención de crear una tensión que solo pueda ser iluminada por la vía práctica para quien tenga interés de hacerlo, por curiosidad, necesidad o entretenimiento.
divagando en el análisis sobre mi práctica pedagógica con jóvenes de los últimos años he podido abordar hacia una acción que, por repetición, he entendido que formaba parte de una metodología que guiaba los procesos, aún yo sin saberlo.
una
metodología que emergió por la pura necesidad, supongo que, de generar ciertas
estabilidades donde no las hubiera, o donde la quietud e inercia fuesen las
condiciones limitantes ante la posibilidad de crear algo que tenga impacto real
sobre todos aquellos que estábamos implicados.
esa práctica, que devino en metodología, supone crear tensiones que
necesiten ser resueltas.
a diferencia
de lo que plantean las prácticas matemáticas tradicionales (vigentes), por ej,
donde el problema esta escrito y necesita de un factor externo a si (la propia intelectualidad)
para dilucidarlo, la tensión a la que me refiero va un poco más allá de la
enunciación simplemente, y no tiene un resultado exacto, pues se sustenta por
la experiencia vital.
es una tensión
se instala en el cuerpo…es una tensión real y urgente…propia, que necesita de
todos mis recursos disponibles para abordarla.
posiblemente por ser mi campo el de las artes principalmente, y trabajar con
procesos creativos que implican compromiso corporal, emocional e intelectual…compromiso
pleno y vital que mueva internamente, que confronte con las propias
limitaciones y que, nutrido por un acompañamiento amoroso y presente, promueva
la emergencia de posibilidades latentes de orden creativo y trascendente, es
que entiendo el carácter retrogrado y descontextualizado (y esencialmente
violento) de la mayoría de las practicas educativas.
si aquello que
me ocupa y que debo enfrentar con todo lo que tengo a disposición se hace propio,
toma entidad interna, la resultante no puede ser la calificación, sino la
celebración… todo aquel que quiera orientar u oficiar de referente en el marco
de un proceso en el cual esta inmerso tanto como aquellos a quienes guía, sabrá
que no esta en posición de calificar porque eso implicaría un abandono…si es
que alguna vez se hizo presente, claro está.
fracasos y triunfos son compartidos, la estructura emocional contiene a todos
por igual y ordena un sistema es que cada uno, desde su posición asumida, se
hace presente, escucha y se expresa sin temores ni limitaciones.
para estos procesos, claro está, se necesita transitar un camino de retorno a
la condición de vida natural, la que respeta los procesos internos, nutre,
espera, guía… lejos de la imposición antinatural y esencialmente violenta que
supone la organización fragmentada y carente de sentido que ofrece (insisto, impone)
la educación formal, que no se concibe como experiencia creativa, sino como
adherencia silente y sumisa (si se quiere salir ileso) a los preceptos y
discursos vigentes que oscilan entre una posición prehistórica de supuesta
calidad (jamás calidez) y el romanticismo sindical visionario (ponele) nada
práctico.
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puede parecer
mucho, pero así es de hecho…expulsiones reales, simbólicas…
la valentía a
la que me refiero supone exponerse a integrar consideraciones que no pertenecen
a la propia estructura discursiva y que, por desconocida, puede resultar ajena
y hasta contraria (de acuerdo al grado de fijeza de ideas), lo cual es
ciertamente lógico si tomamos como base aquello que fue impuesto y adherido en
los años de mayor potencialidad creativa y corporal, pero que en el marco de
responsabilidad y madurez deberían, para el bien de todos, trascenderse, ante
la evidente cristalización y desmoronamiento.
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de la dispersión
visual, a la presencia del tacto
esto, que en
la experiencia “educativa” implica estar sentado por horas (durante al menos 12
años la mayor parte del día), mayormente en silencio, conteniendo todo tipo de
necesidades y ansiedades propias de la tensión expresiva y trascendente de todo
organismo vital, o de la imposibilidad de movimiento caótico que implica
la estabilidad familiar, como también la imposición discursiva cultural/social
que señala todo aquello que no se someta a sus propias consideraciones, leyes,
estructuras morales…es que mi pensamiento al respecto es que rige la pedagogía
de la obediencia.
quien no
quiera ser expulsado (y nadie quiere, pues es ciertamente doloroso…aunque luego
sea dichoso y liberador) deberá, sin cuestionamientos, obedecer a los preceptos
instaurados…cumplir con las imposiciones escolares (por mas violentas y
descontextualizadas que sean) para no “crear problemas” institucionales,
sociales o familiares (pues los verdaderos problemas son de adultos…lo demás es
desestimado y negado, lo cual implica un abandono de persona), para luego
insertarse en el mundo social como un eslabón mas que no cuestione nada, se
adhiera a alguno de los discursos disponibles en los diarios, y no atente
contra la estructura moral que intenta (con mayor o menor conciencia)
sostenerse contra toda posible emergencia de carácter creativo, vital y
trascendente.
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Deleuze en su libro el concepto del diagrama habla de …”la tiranía del ojo” … de la mano que sigue al ojo.
me parece en
ese sentido interesante re-flexionar sobre aquello que nos convoca a la acción
regida por la tiranía del ojo. un ojo que dialoga con las ideas y que
las crea (o reproduce), y, por lo tanto, esta limitado a aquello que ve, siendo
aquello que ve la expresión del sistema en el cual esta inmerso que, en el
mejor de los casos, es elegido si no es una mera condición de inercia ante la imposibilidad
(falta de vitalidad) de librarse de todas aquellas estructuras impuestas años
antes, aquellas que le indicaron hacia donde había que mirar… hacia ese lugar que
siempre estaba fuera de sí, jamás con aspectos de la propia individualidad,
potencialidad y posibilidad.
eso que estaba
fuera de sí, responde a esos mandatos/discursos, estructuras morales
(supuestamente morales) ideas de éxito y conquista…y la palabra clave de la
confusión global…la felicidad (?)
es así que la mano que sigue al ojo, símbolo y herramienta de creación, con la
cual uno escribe y crea la propia vida, es una mano que no toca, sino que
amarra…consume
tocar implica escuchar, percibir texturas, temperaturas. implica hacerse
presente, liberarse de la tiranía de un ojo que responde a ideas impuestas, que
necesitan ser alcanzadas para un sentido de realización.
no se toca a una persona desde la escucha, sino desde el consumo hacia la
satisfacción de la propia necesidad, del orden que sea…corporal, emocional,
intelectual…
es esta la base del consumo sustentada en un vacío de sentido vital, de vínculo
con la vida.
el análisis de Deleuze gira en torno al hecho pictórico, al ejercicio y práctica de las artes visuales, la pintura precisamente. asimismo, muchas de sus ideas son posibles de transferirse a diversas experiencias, o al menos mi mente geminiana lo hace.
en unas pocas palabras, pues quien se interese puede conseguir el libro y no
depender de una interpretación, siempre limitada, el caos
germen es esa posición subjetiva de desconcierto y vacío que implica enfrentarse
a la propia necesidad creativa sin caer en la tentación de la reproducción
solapada de aquello que el ojo ha visto e incorporado como válido…
a menudo porque le da mas valor a aquello que se presume exitoso (siempre
cuestionable) y que, por la propia inseguridad, posiblemente surgida ante la
carencia de una experiencia segura y cuidada en la niñez, reproduce, sabiéndolo
o no, aquello que es aceptado social o comercialmente, por la necesidad de
pertenecer y de no recibir las mismas críticas que, desde sí, tiene para
todo aquello que se salga de la norma que asume como propia.
ha construido pues, la propia estructura de limitación…la propia prisión.
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sucede en la música, donde se nos educa para reproducir (siempre de manera
mediocre) obras tal como fueron escritas…donde se obedece lo que está escrito
(pedagogía de la obediencia), donde rara vez se escucha música, donde hay un
culto por la intelectualidad que carece de sinceridad creativa y expresiva,
donde nos es muy difícil librarnos, si es que eso se logra, de la reproducción
de elementos y estéticas que nos integran a un colectivo que nos acepta, porque
respetamos sus leyes, y nos contiene (…), incluso la improvisación esta plagada
de leyes y formatos instaurados que, corriendo el velo de aquello que parece
creativo, aparece la ley y el orden establecido.
un movimiento
que no responde a la tiranía del ojo (a ese formato de danza instaurado), sino
que hace uso de su potencia vital y creativa para permitir le emergencia de
aquello que por movimiento, se crea, reconoce y desarrolla.
también sucede
en la práctica psicoanalítica, donde una palabra que emerge (si es que uno se
permite tal proceso) da espacio a la asociación libre y encadenamiento de
ideas/experiencias que nos llevan hacia un lugar desconocido…y todo lo
desconocido libera los temores más profundos…por eso se le escapa a todo
proceso interno, en términos generales, porque implica una (o varias) muertes.
de la dispersión visual, a la presencia del tacto
es así que, desde la negación de la experiencia corporal, la única experiencia
posible, y la triste y limitante obediencia a discursos y estructuras
instauradas nos dejan, si lo permitimos, en una posición de reproducción de
sistemas, creencias, formas de expresión…una posición naturalmente mas cómoda y
segura, ya que como se ha señalado anteriormente esas estructuras que limitan
también contienen al alma infantil que no asume su propia vitalidad y poder
creativo.
el discurso social, cultural, familiar contiene, salir (o ser expulsado),
implica exponerse al “caos germen” a la hoja en blanca, a la danza sin
diagramas, a la música sin estructuras, al enfrentamiento con el propio vacío,
las propias limitaciones…a crear cada movimiento, a resignificar cada palabra,
a reconocerse en cada trazo, y entregarse a la oceánica experiencia sonora.
implica hacer
enormes esfuerzos para negarse a si mismo, para verse con los ojos de otro, y
juzgarse con las palabras de otro, hasta que no se sabe realmente, quien mira,
quien piensa, quien vive…dirá el psicoanálisis que no pensamos, sino que
somos pensados.
es así que Deleuze, citado el día de hoy, habla del carácter manual del
proceso creativo, de la mano que se mueve y surca espacios desconocidos en la
danza, que se reconoce en trazos y texturas, que se hace presente en la
sensibilidad luminosa que se enciende en ese ínfimo punto de contacto de la
mano del músico y su búsqueda sonora, de la mano que amasa un pan que será su
cuerpo, de la mano que toca, acaricia y escucha…
no de la mano que amarra, sujeta y lastima.
es así que esta presencia esta librada de especulaciones y necesidades de
consumo, como también de aquellas necesidades infantiles de seguridad y
contención.
es así que el proceso creativo es realmente un proceso de muerte (palabra
negada y temida) y resurrección, de encuentro con aquello que nos ha sido
negado y limitado y que, desde la condición de responsabilidad individual,
hemos de buscar si realmente tenemos aspiración a una experiencia de vida
genuina, una vida que aporte al colectivo no desde su adhesión servil al
discurso, sino de su expresión más plena y vital.
es desde esta consideración, el sentido que nos conecta con el suelo que
estamos pisando, con el aire que estamos respirando, con aquello que pase por
nuestras manos y cuerpo en el fugaz y eterno instante que habitamos, el único
instante real.
ese algo es lo mas representativo de nuestra propia individualidad y es a partir de ese encuentro inicial, iniciático, que se genera un espacio para un trabajo creativo y trascendente, que da sentido a cada amanecer, y que disperse su fragancia por donde su vuelo lo lleve en presencia y verdad.
ignacio martín
buenos aires,
30 de mayo del 2022
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